SALENTO – VALLE DEL COCORA – FINCA CAFETERA – SALENTO

Después de desayunar en el hotel un cafetito que nos obsequian y fruta que queda del día anterior, salimos a buscar transporte para ir al valle del Cocora. Antes vemos una especie de donut en la plaza que es un buñuelo muy bueno por 500 pesos al cual no nos podemos resistir.

Camino del Valle de Cocora

Los willys tienen unas salidas fijas al valle del Cocora pero como llegamos de golpe unos cuantos turistas, sale uno para nosotros solos. El horario oficial es de Lunes a Viernes a las 6:10, 7:30; 9:30; 11:30; 14:00; 16:00. Los Sábados, Domingos  y festivos los mismos de antes pero añadiendo a las 10:30, 13:00, 15:00 y 17:00. Para volver suele ser media hora después a la salida de Salento, pero mejor comprobar antes de salir.

Estos willys tienen capacidad ilimitada, se sube toda la gente que esté en su camino. Cuesta 3000 pesos por persona. Se puede contratar un privado pagando 24.000 pesos.

Palmeras de cera en Coccora

En media hora llegamos al Valle de Cocora, que se nos pasa en nada ya que conversamos con los turistas que van con nosotros en el vehículo, un vasco, una chilena, dos franceses  y nosotros. Delante va una canadiense y suponemos un norteamericano.

En la guía pone que se haga una ruta circular. Hay dos horas y media a la Reserva Natural de Acaime. El sendero baja y se pasa por una piscifactoría de truchas. El primer tramo del sendero atraviesa prados y palmas de cera. El segundo tramo se adentra en un bosque nuboso.

Puente en el camino del valle a Cocora

A nosotros nos habían dicho el día anterior que no hacía falta que diéramos toda la vuelta ya que lo bonito que eran las palmas de cera se veía justo al lado de donde te dejaban los willys en un prado. Damos un paseo hasta un momento que el camino se hace imposible para ir sin caballos, tendríamos que vadear un rio que baja con bastante agua.

El lechero

Volvemos y en el camino nos encontramos un señor a caballo y otro que va por delante con unas lecheras metálicas de toda la vida y que se para en una cancela a esperar. Le preguntamos si va a ordeñar las vacas y nos dice que ya fue a las 4 y media de la mañana, y ya volvía de dejarla en Salento. Su señora se queda un rato con nosotros y nos sigue contando que son desplazados por la guerrilla. Que un día llegaron los de la guerrilla y les dijeron que se tenían que ir con lo puesto. Tenía miedo de que les dijera que sus hijos se tenían que unir a la guerrilla, pero “tuvieron suerte” y “solo” tuvieron que dejar toda su casa, su trabajo, su vida etc. A pesar de todo daba gracias a Dios de que todos estuvieran bien, su hija ya tenía una bebe, su hijo acababa el instituto este año y la pequeña de 10 años iba a la escuela a Salento.

Llevaban 8 meses en esa finca donde la cuidaban y tenían una casa muy humilde pero eran felices a pesar de todo, ya que según nos decía hay mucho ejército y no hay guerrilla, todo muy tranquilo.

Nos invita a su casa que nos hace un sancocho, que mata una gallina y dentro de lo poco que tiene que vayamos que estaría encantada de invitarnos. Nosotros no aceptamos, pero decimos que la próxima vez, sí que iremos a su casa. Dan mucho que pensar estos encuentros fortuitos.

Tres soldados antiguerrilleros

Mucha gente alquila caballos para hacer una parte de esta excursión, con lo que hay muchos en las cercanías. Vemos a un chico que  sobre la marcha está herrando un caballo ya que tiene la herradura un poco floja.

Hay algún restaurante y algunos puestecillos para comer algo o beber mientras se espera el willy para volver a Salento.

A la vuelta vamos al mismo sitio a comer pero no acertamos ya que la carne a pesar de decir que esté poco hecha es una suela de zapato  y la cerveza al pedir Águila nos la cobran a “3000 pesos”, un robo. No hay más días pero no volveríamos más.

Preguntamos para que nos lleven en willy a una finca cafetera pero nos piden 20.000 pesos ida. Como es pronto y está un poco nublado nos vamos andando. Las informaciones son contradictorias unos dicen que una hora andando otros que hora y media. Al final solo es una horita, pasando por finquitas sencillas con sus perritos, gatos y la gente que se asoma a la puerta cuando oye a alguien que pasa por su puerta y te da conversación.

En esta montañosa región es donde se produce la mayor parte del mundialmente conocido como café de Colombia. Las plantaciones de este vigoroso arbusto cubren laderas y valles, y el fruto maduro ofrece su color rojo en medio del follaje verde y brillante. El grano tostado del café aromatizas el aire por doquier y es el gran protagonista de esta zona.

Hay 3 provincias que conforman una superficie en forma de triangulo: Caldas, Risaralda y Quindio. Es el llamado triangulo del café o eje cafetero de Colombia, con sus capitales: Manizales, Pereira y Armenia.

En este placentero ambiente es posible observar la artesanal y cuidadosa forma de sembrado, recolección y selección para obtener uno de los cafés más suaves y aromáticos del mundo.

Exhuberantes plantas alrededor de las de café

Las primeras plantas de café que llegaron a Colombia provinieron de las Antillas en el Caribe, en la época colonial. Pero la historia de esta planta proviene de una remota región del mundo. Cuenta la leyenda que un pastor de cabras, llamado Kaldi, llevaba a su rebaño por las altiplanicies de Abisinia, hoy Etiopia, donde de modo silvestre crecían estas plantas de hoja verde y frutos como cerezas. Sus animales se comieron las hojas y los frutos, y luego saltaron y brincaron con mucha energía. Al masticar el propio pastor las hojas, tuvo la misma sensación de euforia. Arrancó los frutos y los llevó al abad de un monasterio cercano, quien los hirvió hasta obtener una bebida muy amarga. Al no ser de su agrado, arrojó los frutos al fuego. De la hoguera surgió un exquisito aroma, que resultó en la primera experiencia aromática con el café. Hoy se conocen más de 800 compuestos aromáticos en el grano. Hoy se cultiva en 65 países, todos ubicados en los trópicos. Cerca de mil cuatrocientos millones de tazas de café se sirven cada día en el planeta y para cada una se necesitan 40 granos de café.

Aquí   es donde las haciendas cafeteras han abierto sus puertas al alojamiento de turistas, grandes casonas coloridas, algunas de mediados del siglo XIX, con una arquitectura criolla.

Nos recomiendan la finca de Don Elías, porque según nos dicen en la del Ocaso que está 200 metros antes, hace las visitas sin ganas ni convicción. Nos recibe el nieto de Don Elías y nos lleva por la finca enseñándonos los 3 tipos de planta de café que existen en Colombia. Está la arábiga y dos colombianas una que da el fruto rojo y otro el fruto amarillo.

Las diferencias entre las dos colombianas y la arábiga son grandes ya que mientras las colombianas dan fruto todo el año, además de la gran cosecha que se recolecta en mayo, la arábiga solo da una cosecha. Las colombianas hay que podarlas a los 7 años, y esto se puede hacer 3 veces. En ese momento hay que arrancar la planta y poner una nueva. La arábiga puede durar 30 o más años. Nos comenta que la mayoría de cafeteros tienen las colombianas porque así pueden ir recogiendo fruto todo el año.

Al lado de las plantas jóvenes ponen otros cultivos de frutas y hortalizas para aprovechar mientras la planta crece y empieza a dar frutos. Nos dice que es para  consumo propio, pero que si hay mucha cosecha la venden en el mercado. Ellos se han especializado en café orgánico que se paga mejor que el otro. Utilizan las plantas que salen alrededor de las de café, los restos de comida, plantas resecas, todo absolutamente lo trituran y es el compost y abono que ponen en las plantas de café.

En el momento que recogen los granos del café lo llevan a quitarle la parte de fuera con una máquina con una manivela que los descascarilla. Se tiene que dejar un día para que fermente y después se lava bien, ya que sale con un líquido baboso. Después se deja secar durante 3 semanas más o menos, removiéndolo de vez en cuando. En el momento que está seco se pasa por otra máquina que le quita la piel. Es el momento de tostarlo en una cacerola en el fuego durante una hora se va removiendo sin parar. En ese momento ya está tostado y luego por una máquina como las que se utilizaban antes para hacer carne picada se muele.

El proceso es largo y el aroma que desprende incluso para los no muy cafeteros es muy agradable. Nos dan una taza de café recién molido y sabe a gloria. Ha acabado el tour que cuesta 5000 pesos por persona. Nos abandona nuestro guía pues ha venido otra turista y se lo va a explicar todo tan amablemente como ha hecho con nosotros.

A las 4 y media y a las 5 y media pasa el willy público que es el que cogemos para volver a Salento por 2500 pesos por persona.

Nos apetece cenar una ensalada pero como las que hacen aquí no son demasiado buenas, vamos a comprar los ingredientes que consisten en aguacate, tomate, cebolla, queso, atún “Isabel”, pan y para postres mango y plátanos. Un festín, con nuestra cervecita de rigor.

Publicado el febrero 24, 2012 en Colombia, Sudamérica. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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