POPAYÁN – CALI – ARMENIA – SALENTO

Salimos prontito del hotel cogiendo un taxi por 3800 pesos que nos lleve al Terminal. Allí compramos los billetes por 33000 pesos a Armenia. Cuando pedimos dejar los equipajes para ir a desayunar la buseta está allí aparcada. Es una buena señal. Volvemos adentro de la terminal y nos tomamos un tinto y un bizcocho por 6000 pesos los tres.

Salimos puntualmente a las 8 de la mañana. A las 2 horas llegamos a Cali, pero nos cuesta 3 cuartos de hora llegar a la terminal ya que hay mucho tráfico. Por lo que vemos de Cali no tiene mayor interés. Parece que hay mucho ambiente de fiesta pero nosotros no buscamos eso. A las 11 salimos de la terminal dirección a Armenia. La carretera (Panamericana) es muy buena, la mayoría de dos carriles y muy bien asfaltada. Es un cambio que se agradece porque los últimos trayectos han sido pesaditos. La velocidad máxima es 90 km/h. La carretera tiene a lado y lado km y km de caña de azúcar, pero también árboles frutales, o de guabuas que es una especie de bambú que abunda mucho en Colombia y que se utiliza mucho en construcción, siendo muy decorativo y resistente.

Llegamos a Armenia a las 2 de la tarde y al preguntar nos dicen que en la parte de arriba de la terminal salen las busetas a Salento. Nos metemos junto a otros turistas y al momento está hasta los topes. Nos tenemos que poner las mochilas encima durante la hora que dura el trayecto hasta Salento. A mitad de camino pasamos por un lugar donde entra el cobrador y pagamos la boleta que son 3400 pesos. Llegamos a las 3 a Salentoy hay que ponerse a buscar alojamiento con un sol de justicia. Tenemos alguna referencia pero no tenemos plano del pueblo y nos vamos a explorar a ver que encontramos.

Calle de Salento

Algunos donde llamamos están cerrados, suponemos que como estamos en temporada baja, algunos dueños de hoteles hacen vacaciones hasta que llega Semana Santa que se llena todo, porque mucha gente en Colombia coge vacaciones. En la calle Real, encontramos La Posada de Lily, que es un hostal que nos ha recomendado Leonardo en San Andrés de Pisimbalá, ya que dice que es su amiga. Lilynos atiende en persona y nos ofrece las habitaciones que tiene vacías, que son muy básicas, pequeñas con poca luz y con una cama únicamente por 25.000 pesos por persona. Los baños son compartidos. Ella es encantadora y si no encontramos otra cosa igual volvemos pero no nos convencen las habitaciones. Proporciona  desayunos, comidas y cenas, siendo muy familiar pues tiene solo 4 habitaciones.

Plaza central de Salento

De allí, volvemos hacia la plaza y nos acercamos a La Posada del Ángel, que está a media cuadra de la plaza. Nos ofrecen una habitación triple por 20.000 pesos por persona. Está muy bien decorada con televisión y baño privado  Hay wifi con mucha calidad. Hay una cocina a disposición de los huéspedes y muchos lugares para estar cómodamente, vamos, que es muy recomendable.

Por la calles de Salento

Salento tiene solo 3500 habitantes y está a una altura de 1900 metros con lo que el clima es agradable, durante el día si hace sol, hace calorcito y por la noche refresca con lo que se duerme muy bien. Está a 24 km de Armenia, sobrevive gracias a la producción de café, las piscifactorías de truchas y al turismo. Se fundó en 1850 y es una de las localidades más antiguas de Quindío. Algunos extranjeros llegaron a Salento y se enamoraron de este lugar abriendo hostels y evidentemente anunciando en internet las maravillas de este trocito de cielo en Colombia. Vienen autocares enteros de turistas a disfrutar de este entorno excepcional. A pesar de todo se vive un ambiente tradicional con campesinos a caballo que van a los campos con su machete de flecos a la cintura, los niños con sus uniformes a la escuela, las señoras que van a comprar al mercado o al supermercado, muy bien surtido por cierto, etc.

Arreglado el tema alojamiento, toca comer algo, que ya son las 4 de la tarde. En la plaza hay un restaurante que se llama Pizza punto y coma, donde como nos habían recomendado pedimos trucha y lomo a la plancha con cerveza Costeña. La trucha sigue sin tener sabor y la cerveza que es la primera vez, nos defrauda. Pagamos 45.000 pesos por los tres.

Alrededores de Salento

Siguiendo la costumbre de andar después de comer, subimos a Alto de la Cruz que son un montón de escalones con estaciones de viacrucis. La vista desde arriba es maravillosa, vale la pena subir. Allí nos encontramos a una señora con su perro labrador, con la que empezamos a hablar y nos cuenta que es muy rico que vayan tantos turistas a Salento que le encanta. Curiosamente tiene un hijo en España con su esposa. El trabaja en la compañía Sarfa y hace el trayecto Barcelona-Palamós, donde viven. Les damos una tarjeta por si su hijo nos quiere llamar y nos vemos a nuestra vuelta a casa. Nos invita a su casa que está enfrente del parque de bomberos, la de color verde.

Muy cerca del Alto de la Cruz hay un mirador hacia donde nos dirigimos. Allí empieza el valle de Cocora, donde se encuentran los últimos ejemplares de palmera de Cera, enormes ejemplares que pueden medir más de 60 metros de alto.

De allí tal como pone la LP, nos acercamos al Portal de Cocora, que está a 500 metros de la plaza principal. Este restaurante ofrece vistas a un valle dignas de cuento. Atiende un chico de raza negra muy guapo que se llama Adolfo. Nosotros pedimos permiso para entrar y nos dice que por supuesto. Nos ofrece una colchoneta para que nos podamos tumbar en una especie de cama hecha de bambú, cosa que declinamos. Ya estamos suficientemente bien con las vistas espectaculares que estamos disfrutando, con el colofón de la puesta de sol.

A los pocos momentos se acerca con una bandeja con unos cafés buenísimos. Nos dice que es cortesía de la casa. Cada vez nos sorprenden menos estas manifestaciones amigables que constantemente estamos disfrutando.

Volvemos al pueblo, pasando por unas calles llenas de casas paisas, pintadas de alegres colores muy contrastados pero que dan mucha alegría.

Como hemos comido muy tarde, compramos un poco de fruta en alguna tiendecita que nos encontramos en el camino al hotel y nuestra cervecita de rigor, Águila que es la que más nos gusta por 1800 pesos en el supermercado.

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Publicado el febrero 23, 2012 en Colombia, Sudamérica. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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