SAN ANDRES DE PISIMBALÁ – TIERRADENTRO – POPAYAN

Desayunamos en el restaurante de nuestro hotel La Portada, un zumo, café y unos panes con mermelada y mantequilla por 4000 pesos, si quieres huevos fritos te cobran 5000 pesos.

Leonardo nos ha comentado que hay una camioneta que a las 8 nos puede bajar al Parque Arqueológico (Patrimonio de la Unesco) que si no llevásemos maletas es media hora de bajada, pero cargados preferimos que nos lleven. A la hora de pagar me pide 4000 pesos por nosotros tres.

Llegamos a los pocos minutos, y nos registramos en la entrada donde nos cambian el papel de pago del día anterior por una pulserita como la que nos habían dado en San Agustín.

Preferimos subir a visitar el Alto de Segovia en primer lugar ya que luego hará más calor. Es una media hora de subida por un sendero hasta que llegamos al lugar arqueológico. Nos atiende un empleado del parque que nos va acompañando a los hipogeos. Hay unos 28 en total pero solo se visitan unos pocos, ya que algunos han colapsado y otros no aportan nada.

Dibujos geómetricos dentro de las tumbas

Todas las que nosotros visitamos tienen corriente eléctrica. Los escalones son muy altos y a veces te tienes que sentar para bajar ya que la pierna no da.

Hay algunos con 7 hornacinas y columnas muy decoradas con pinturas e incluso con caras, algunas sonrientes otras asombradas. No se pueden hacer fotos con flash, pero desde arriba no se detecta y el guarda no baja a las tumbas con lo que se pueden hacer sin problemas.

Aquí ponían huesos calcinados

Las tumbas de 2 a 7 metros de diámetro, están excavadas en la blanda roca volcánica del ondulante terreno montañoso de la región. Tienen una profundidad muy variable, pues mientras algunas son casi superficiales, otras alcanzan los 9 metros. Los techos abovedados de las tumbas más grandes se apoyan en enormes pilares. Muchas están pintadas con motivos geométricos rojos y negros sobre un fondo blanco. Además, las columnas y las paredes de muchas cámaras presentan figuras talladas.

Dentro de los hipogeos de Tierraadentro

Se sabe muy poco de la gente que construyó las tumbas y las estatuas. Lo más probable es que sean diferentes culturas, y que los que excavaron las tumbas fueran anteriores a los que tallaron las estatuas. Algunos investigadores sitúan la civilización de las tumbas en algún punto entre los siglos VII y IX, mientras que la cultura de las estatuas parece ser 500 años posterior.

Imágenes geómetricas en Tierradentro

El empleado del parque nos comenta que el hecho de que el ejército esté en la zona es malo, porque exigen a los campesinos que los alimenten, que los alojen y encima donde está el ejército hay embarazos no deseados de jovencitas de los alrededores. Vamos, lo que pasa en cualquier conflicto bélico, que siempre pringan los que menos culpa tienen.

Nos dice que se está perdiendo toda la cultura ancestral de los paeses y que gracias a que los campesinos se han plantado en algunas ocasiones y han ocupado colegios han conseguido que haya profesores bilingües y los niños aprendan la lengua de sus mayores, en casi todo el valle.

El gobierno no se preocupaba, siempre prometía cosas que no se cumplían y aquí los campesinos no se contentan con lo que a las buenas o a las malas, consiguen lo que creen justo.

Hay unos círculos en el césped circundante que nos dice que son nuevos hipogeos que están esperando financiación para su excavación. Uno de los arqueólogos que más ha investigado todo este tema de los hipogeos solicitó que a su muerte fuesen sus cenizas vertidas en una de las vasijas funerarias de las tumbas y el gobierno aceptó, y allí están.

El guarda también nos explica cosas, ya que hay poco turismo y a los colombianos les gusta hablar con la gente, preguntar cosas y contar cosas. Nos dice que tiene que estar todo el día y la noche vigilando, duerme al raso en una banqueta de bambú, con una pequeña radio que le hace compañía y le informa de lo que pasa en el mundo.

Tienen contratos de 3 meses renovables si están contentos con ellos, ya que es seguridad privada. Los sueldos no son maravillosos, pero es lo que hay. Quiere saber si hay oportunidades en España y le decimos que no es el mejor momento para ir a España, ya que el trabajo está muy mal y hay una crisis muy profunda. Nos dice que tienen muchos problemas los colombianos  para entrar en cualquier país, solo el hecho de ser colombiano cierra muchas puertas, ya que tienen mala fama por el terrorismo, droga etc. Por la noche tiene que vigilar que no rompan las vallas que rodean el parque arqueológico, tanto animales como los caballos como personas, ya que si no es problema de él repararlas. Pasan zorros, tapires, osos hormigueros y nosotros de repente vemos una comadreja que nos mira con sus ojillos y se escabulle en la vegetación. Ellos la llaman vampiro de los pollos porque según su versión les chupa la sangre a los pollos.

Nos comenta que tiene una tienda de zumos enfrente de la entrada, que pasemos luego. Después de un rato de cháchara, bajamos tranquilamente y visitamos el museo Arqueológico, donde hay maquetas de las tumbas, como se encontraban al descubrirlas, cerámicas y explicaciones de la simbología de los animales con los cuales se decoraban las vasijas funerarias. Es pequeño pero muy interesante ya que hay poca información de lo que ves en los hipogeos. Las estatuas, de las cuales hay unos pocos ejemplos, son más bastas que las que vimos en San Agustín.

Pasamos al Museo Etnológico que explica el estilo de vida de los indígenas de la zona que se llaman Paez o Paeses. Es pequeñito pero muy instructivo ya que hay paneles donde explican lo más importante de la cultura, con una reproducción de una casita de ellos, una máquina para triturar la caña de azúcar y producir panela, un dulce  muy dulce que les encanta y comen con unas obleas grandes que parece una hostia.

Museo Etnológico de Tierradentro

Todavía hoy utilizan la coca para sus ceremonias y tienen unos recipientes especiales para llevarla. Desgraciadamente hay un cepo que llevaron los españoles para castigar a los desobedientes o  los que no acataban sus órdenes.

A la salida como tenemos un ratito hasta coger algo que nos lleve al cruce del bus, buscamos la tienda de zumos, que como nos había dicho el guarda está enfrente de la entrada. La lleva su mamá, muy simpática, nos ofrece todo tipo de zumos con agua o con leche y también puede hacer ensalada de frutas. El zumo cuesta 2000 pesos y la ensalada grande 3500 pesos con plátano, mango, papaya, mandarina y un poco de miel por encima si te apetece. Tomamos un zumo de limón ácido muy rico y uno de lulo que es una fruta que nos enseña y que no conocíamos también un poco ácido pero muy rico. Nos cuenta que su hijo es maestro y que tras 17 años dando clases “lo botaron” por un problema con los indígenas. No nos explica el problema y nosotros no le preguntamos, ya que nos dice que seguramente el próximo año ya lo volverán a coger en el colegio. Son emprendedores ya que han construido unas habitaciones sencillas pero acogedoras para los turistas, ella también tiene 5 habitaciones en su casa para alquilar, las cuales nos ofrece.

Justo al lado venden unas reproducciones de la iglesia de San Andrés de Pisimbalá muy bonitas por 5000 pesos.

Una familia de Armenia (pueblo con ese nombre de Colombia) que conocemos en la tienda nos baja al cruce donde pasará el bus a Popayán. Son muy amables nos dan el teléfono celular ya que ellos estarán a partir de mañana en Armenia y nos pueden aconsejar hoteles en Armenia o cosas a hacer en Salento. Nos comentan que están en Australia, de todos los sitios que han estado y han probado en unos cuantos, es el mejor y el que da más oportunidades a la gente con ganas de trabajar y preparados intelectualmente. Dicen que han ido a embajadas en algunos sitios y han guardado todo lo visible por miedo a que lo robaran y que eso les hacía sentirse fatal. Por eso ahora que tienen papeles de Australia, viven mejor.

Mientras esperamos que pase el bus se para una camioneta y nos pregunta si queremos que nos lleve a Popayán. Nos dice que llegaremos mucho antes que con el bus y al preguntar el precio nos dice 15.000 pesos por persona. Nos parece bien porque el bus pasaría al cabo de una hora con suerte y se va parando buscando clientes, o también puede pasar que no tuviese asientos, ya que no hay mucha movilidad en estos lugares.

Vamos un poco achuchados ya que las mochilas tienen que ir con nosotros dentro de la camioneta ya que el maletero lleva cascara de arroz y no se pueden poner.

Es un padre y su hija que ha acabado la carrera de Derecho y está haciendo la especialidad en Cali el viernes y el sábado de derecho administrativo. El padre hace muchas cosas diferentes, desde fabricación de un jabón industrial desengrasante que vende en pequeñas cantidades a 50 clientes de manera artesanal, transportista, guía de turismo etc. Ahora su próximo proyecto es vender agua de un manantial que él conoce que es muy buena y vendería a gente de confianza, ya que legalizarla sería muy costoso por los inconvenientes y trabas que ponen las industrias grandes de venta de agua de Colombia. El agua en Colombia no se puede beber del grifo (ellos dicen la llave), y la embotellada es muy cara, en un supermercado cuesta el medio litro ½ dólar, pero en un hotel te pueden cobrar 1 $ por el medio litro. Si compras 1,5 litros cuesta 3000 pesos. También hablamos de los animales que ellos tienen por esa zona y los que tenemos nosotros en España. Nos dice que a él un día  se le cruzó una especie de pantera, enorme, queremos pensar que realmente es cierto y que todavía quedan en libertad felinos por esas montañas que son un parque nacional.

Llegamos a las 3,5 horas a Popayán y nos dejan muy cerca del hotel Colonial en la calle 5, con lo que nos hacen un favor. No tenemos reserva pero al llegar nos dicen que tenemos una triple como la que usamos al llegar por primera vez a Popayán.

Vamos a la terminal de buses a preguntar cuando salen los buses a Armenia al día siguiente y nos dicen a las 5, 6, 8, 10, 13 … Aconsejan llegar media hora antes de la salida del bus que queramos coger para asegurarnos tener asientos. Parece una compañía seria.

Paseamos por el centro de Popayán tan relajado como recordábamos, aunque hoy es el miércoles de ceniza y vemos mucha gente con la cruz en la frente, todas las iglesias están abiertas y podemos ver algunas que estaban cerradas la primera vez.

Nos dirigimos al Morro de Tulcán que se ven unas vistas panorámicas de la ciudad, pero cuando vamos para allá, nos encontramos que hay una feria de Semana Santa donde hay una exposición de figuras religiosas, vírgenes, Cristos crucificados, relicarios etc. Sigue habiendo colas de las personas que ha engañado un banco que se llama Agroahorro, y pasan por el cajero automático para conseguir algo de dinero.

Un poco más tarde vamos a la Toscana Pizzería que cenamos la primera vez ya que nos gustó mucho la pizza. Pedimos cervezas y las tienen que ir a buscar a una tienda porque ellos no tienen.

De vuelta al hotel comprobamos que ya tenemos wifi en la habitación, cosa que la otra vez tenías que irte al pasillo. Pagamos 70.000 pesos ya sin preguntar.

Anuncios

Publicado el febrero 22, 2012 en Colombia, Sudamérica. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: