Trujillo – Chan Chan

Esta mañana nos dedicamos a deambular por Trujillo y hacer gestiones como comprar billetes para Chiclayo o preguntar nuestros próximos destinos como Chachapoyas.

Curiosamente para Chiclayo no hay demasiados buses por ejemplo en Móvil Tours solo hay uno a las 4 de la tarde. Nos vamos a  Línea y allí sí que hay cada hora desde las 4 de la mañana.

Cogemos billete a las 8 de la mañana por 14 soles.

Nos acercamos al mercado y lo visitamos, está bastante cuidado y ordenado, aunque los precios nos parecen caros para el país, la ropa o el calzado.

A las 2 y media tenemos el tour a Chan Chan. El precio de la entrada a Chan Chan incluye la visita a los yacimientos chimúes, de la Huaca Esmeralda, y la huaca Arco Iris, así como el museo de Chan Chan. Son 10 soles la general y 5 la de estudiantes.

Todos los yacimientos están abiertos de 9 a 16:30 de la tarde y la entrada dura dos días para poder visitarlo con tranquilidad. La cultura chimú, es posterior a la Moche y está datada entre 850 y 1500 d.c.

La visita empieza en la Huaca Arco Iris, también se le llama del  Dragón. Se trata del templo chimú mejor conservado debido a que estuvo sepultado bajo la arena hasta 1960. Por desgracia el niño en 1983 destrozó mucho los frisos. El lugar estuvo pintado pero en la actualidad apenas queda visible el color amarillo. Consta de una muralla defensiva de más de 2 metros de grosor que encierra una zona de unos 3000 metros cuadrados. El edificio abarca unos 800 metros cuadrados, distribuidos en dos plantas, con una altura combinada de 7,5 metros. Las paredes tienen una suave forma piramidal y están cubiertas de dibujos en forma de arco iris, casi todos restaurados. A través de unas rampas se accede a la parte superior del templo, desde donde se pueden ver depósitos donde se hallaron restos de niños que posiblemente fueron sacrificados. Se supone que fue un templo consagrado a la fertilidad, pues en muchas culturas antiguas el arco iris representaba la lluvia, portadora de vida.

Cuando salimos hay dos perritos de raza peruana. A excepción de un pequeño mechón entre las orejas y otro al final de la cola, el viringo carece de pelaje. Estos perros de color oscuro y mediana tamaño fueron muy apreciados por los mochicas, que los utilizaron en los sacrificios funerarios. Debido a la calidez de su piel al tacto, muchos le atribuyeron poderes curativos a la hora de aliviar los dolores reumáticos.

Tras la conquista de los españoles los viringos desaparecieron casi por completo. En 1996, el United Kennel Club los reconoció como raza distintiva. Hoy en día, casi todos los lugares de la costa norte cuentan al menos con un par de viringos, considerados un tesoro nacional.

Son muy feeeeeeeeos, pero muy cariñosos. La gente con artritis se acuesta con ellos ya que su temperatura corporal es más alto y les ayuda. Vemos en el museo incluso  un cachorrito.

De aquí vamos al museo de Chan Chan, no es demasiado interesante además hay tanta gente que casi no se puede escuchar a la guía. Aquí si se pueden hacer fotos.

Hornacinas en Chan Chan

A 500 metros está la ciudadela de Chan Chan. Es la ciudadela de adobe más grande del mundo, declarada Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Fue la última capital del pueblo chimú (900-1470) que dominó la costa norte desde Lima hasta la frontera ecuatoriana hasta que fue vencido y conquistado por los incas. La ciudad llegó a tener 50000 habitantes y ocupaba 26 km cuadrados, llenos de templos, plazas, terrazas, rampas y edificios de adobe.

Chan Chan, alberga nueve complejos reales que contienen los túmulos funerarios de los gobernantes chimúes. La ciudad fue saqueada en las primeras décadas de la conquista y abandonada debido a las inundaciones provocadas por el Niño. En el siglo XX, se había convertido en una enorme extensión de muros semiderruidos, cuyos desgastados relieves quedaron como únicos testigos de su esplendor.

Réplica del friso en Chan Chan

Los arqueólogos han restaurado uno de los complejos reales, el Complejo de Tschundi o Nik An. Aquí hay unas señales que indican a los visitantes el camino a seguir para la visita. Se ven muros decorados con figuras de nutrias marinas, peces, olas, aves marinas y la Luna, símbolos todos ellos con significado religioso para los chimúes. Se tarda una hora en recorrer los dos sectores ceremoniales del complejo, el aljibe, el mausoleo y la sala de la asamblea, que posee una acústica excepcional.

Se están trabajando otros complejos reales pero no se pueden visitar.

Esta visita solo la hacen las agencias por la tarde, nunca por la mañana, con lo que sabiendo esto, nosotros recomendaríamos visitarlo por libre ya que hay muchos combis que te dejan en la puerta y así te evitas las aglomeraciones de gente. Tampoco explica tantas cosas y hay guías que puedes contratar en la puerta  por unos pocos soles. También venden unas guías por 5 soles muy completas.

La Huaca Esmeralda entra con el billete conjunto pero no se visita en el tour. Nuestra guía Tuli, nos dice que no vale mucho la pena y en la guía pone que está en un barrio conflictivo, igualmente no tenemos tiempo para visitarla.

La última visita es a Huanchaco, un pueblo costero a 12 km de Trujillo. En otro tiempo fue un pueblo pesquero pero ahora está lleno de hoteles, restaurantes, bares etc.

La playa no está mal, hay mucha gente haciendo surf y la mayoría de nuestros acompañantes del tour se quedan aquí a cenar pescadito o ceviche. Hasta las 9 de la noche hay muchas combis que te devuelven a Trujillo por 1,2 soles.

Los pescadores de esta localidad aún utilizan los caballitos de totora, unas embarcaciones construidas con haces de juncos de la planta llamada totora. Cuando regresan de la pesca, venden sus capturas en la misma playa mientras las barcas se secan en la orilla. Duran solo 3 meses, y pasado este tiempo tienen que construir otra nueva. Son las mismas que se ven en las cerámicas moches de hace 2000 años. Reman y se deslizan montados sobre ellas en lugar de dentro, con las piernas colgando a los lados.

Caballito de Totora

Después de una cervecita mirando al mar volvemos a Trujillo a las 6 y media.

Nos hemos encontrado aquí una pareja argentina que conocimos ayer y nos ha recomendado un restaurante en Trujillo que salió en una revista gourmet argentina como muy recomendable.

Se llama el Rincón de Vallejo, es muy pequeñito y está en la esquina Orbegoso con San Martín, a una cuadra de la plaza de Armas. Justo enfrente hay una oficina de la compañía Línea para poder comprar billetes y no tener que ir a la terminal de buses, lo cual descubrimos un poco tarde.

Nos han recomendado el cabrito, pero mala suerte, no les queda, con lo que nos pedimos un filete con patatas y un pato típico de este restaurante. Está todo muy bueno y tienen una cerveza Trujillo fresquita muy rica. No es caro, pues nos cuesta 36 soles todo y hemos cenado muy bien. Hay que ir pronto porque cierra a las 9 de la noche, y nosotros ya no hemos podido escoger el menú y no eran ni las 7 de la tarde.

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Publicado el enero 17, 2012 en Perú, Sudamérica. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Es triste, qué se aprovechen del turista extrangero. me da pena y verguenza!!! por eso digo qué nunca paguen el precio que piden. rebajen a mitad , aún así estan pagando por ensima de su valor real. VIENVENIDOS SEAN SIEMPRE. hay gente buena y mala, cómo en todos lados, saludos!!!!

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